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Sony y Universal vs. Suno, round 2

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El 18 de septiembre, Sony Music y Universal Music Group presentaron una nueva demanda contra Suno, la empresa de inteligencia artificial musical, en un tribunal federal de Massachusetts. No es la primera vez. En junio de 2024 ya habían iniciado un juicio junto a Warner Music por el mismo motivo, entrenar modelos de IA con grabaciones protegidas sin autorización.

Lo que cambia ahora es el argumento central, y ese argumento tiene implicancias directas para cualquier organización que administra derechos de autor o conexos.

Suno lanzó el 9 de septiembre v6, la última versión de una línea de modelos que arrancó con v4, presentada como un acuerdo de colaboración con Warner Music, BMG y Believe.

Sony y Universal responden con un argumento distinto al que usaron en la primera demanda. Ya no discuten únicamente qué grabaciones se usaron para entrenar v6. Discuten cómo se construyó ese entrenamiento.

Según la demanda, v6 no partió de cero. Se construyó usando lo que Suno llama "interacciones de usuarios" con sus modelos anteriores, es decir, las elecciones que millones de personas hicieron cuando la plataforma les ofrecía dos versiones de una canción generada y ellas elegían una. Esas elecciones pasaron a ser el material de entrenamiento del nuevo modelo.

El problema, según los demandantes, es que esos modelos anteriores sí fueron entrenados con grabaciones protegidas, sin licencia. Si el modelo nuevo aprende observando lo que produjeron los modelos viejos, hereda esas mismas capacidades, aunque nunca haya tenido contacto directo con los archivos originales.

La demanda resume la idea con una frase que ya empieza a citarse en toda la cobertura del caso, entrenar un modelo nuevo sobre las salidas de un modelo infractor no elimina la infracción, la transforma en otra cosa menos visible.

Para explicarlo en términos que no requieren conocimiento técnico, es parecido a que un estudiante aprenda a pintar copiando cuadros ajenos sin permiso, y después otro estudiante aprenda a pintar mirando únicamente los cuadros del primero. El segundo nunca tocó el original, pero el estilo que reproduce viene de ahí igual.

Por qué esto importa para una sociedad de gestión

Las sociedades de gestión existen para asegurar que el uso de una obra genere una remuneración para quien la creó. Ese vínculo entre uso y remuneración depende de poder identificar el origen de lo que se usó, y es justamente eso lo que este caso pone en discusión.

Hasta ahora, buena parte del debate sobre IA generativa se centraba en si una empresa usó o no un catálogo específico para entrenar su sistema. Esta demanda plantea que esa pregunta puede quedar vieja apenas la tecnología avanza una generación. Si un modelo entrenado de forma irregular sirve como base de aprendizaje para el siguiente, y ese siguiente sirve de base para otro más, en algún punto se vuelve difícil rastrear qué obra originó qué resultado. Y sin ese rastro, se vuelve difícil también determinar qué remuneración corresponde a quién.

Esto afecta directamente la lógica sobre la que trabajan los sistemas de distribución de derechos. Un modelo de IA no declara sus fuentes de la misma forma que una radio declara qué canciones pasó. La trazabilidad, que es la base de cualquier reparto de regalías, es justamente lo que este tipo de entrenamiento en cadena pone en duda.

El costo de la infracción

La ley de derechos de autor de Estados Unidos permite reclamar hasta 150.000 dólares por obra en casos de infracción deliberada. Sobre las 60.202 grabaciones que Sony y Universal identificaron esta vez, usando una empresa especializada en huella digital de audio llamada Audible Magic, el máximo teórico llega a unos 9.000 millones de dólares, aunque las propias demandantes aclaran que esa cifra es solo una fracción de lo que denuncian como infringido. Este segundo juicio existe porque un juez ya había rechazado, en agosto, sumar estas grabaciones a la demanda original. A eso se suma un reclamo adicional por el uso de herramientas para descargar audio de YouTube evitando sus protecciones, que podría sumar otros 150 millones.

Son cifras que probablemente no se cobren en su totalidad. Warner, BMG y Believe ya prefirieron acordar una licencia antes que sostener el litigio, Warner en noviembre de 2025, BMG en agosto de este año y Believe un día antes del lanzamiento de v6. Sony y Universal, en cambio, eligieron el camino contrario.

Lo que todavía no está resuelto

Suno sostiene que entrenar modelos con material protegido cae dentro del uso legítimo que la ley estadounidense llama "fair use", una excepción que permite ciertos usos de obras protegidas sin pedir autorización, bajo determinadas condiciones. La demanda anterior de Sony y Universal, que sigue en curso, es la que va a definir si ese argumento se sostiene o no. La etapa de recolección de pruebas de ese juicio cierra el 30 de septiembre, aunque la resolución final todavía puede tardar meses. Lo que ahí se defina va a marcar el terreno para todos los casos que vengan después, incluido este.

Lo que este segundo caso agrega a la conversación es que ganar esa primera batalla legal podría no alcanzar. Si un tribunal determina que entrenar con material sin licencia infringe derechos, la pregunta que sigue es qué pasa con todo lo que ese modelo generó después, y con los modelos posteriores que aprendieron de esos resultados. Es una pregunta que todavía no tiene respuesta firme en ningún tribunal, y que probablemente empiece a definirse a partir de este caso.

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