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¿Cómo se está adaptando el sector a la AI-Era?

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Cuando lancé la newsletter, me costaba encontrar temas sobre los cuales escribir. En ese momento, no abundaban proyectos serios con potencial de sentar precedentes y aportar valor en el largo plazo. Desde el treinta y uno de julio, eso cambió. Ahora mi tarea es la de seleccionar entre las decenas de acontecimientos desatados a partir del fallo en primera instancia de GEMA contra Suno.

Hoy quiero enfocar el artículo en dos normas que la Unión Europea ya puede hacer cumplir y que, en mi opinión, impactarán de manera positiva al ecosistema creativo. Además, elegí un cambio importante de KOMCA (SGC de Corea del Sur) en cuanto a su forma de tratar obras generadas con IA.

Estos puntos me parecen muestras concretas de cómo el sector va aprendiendo y adaptándose a la era de la IA.

Reglas de la Unión Europea

El 2 de agosto se movieron dos piezas del AI Act al mismo tiempo. Entraron en vigor las reglas de etiquetado de contenido generado por IA, y la AI Office ganó la capacidad de hacer cumplir un segundo bloque de obligaciones sobre entrenamiento que ya regía desde agosto de 2025.

La primera es sobre el etiquetado de lo que la IA produce. Los proveedores de estos sistemas tienen que marcar sus outputs de forma legible por otras máquinas, con marcas de agua o metadata embebida. Es decir, una señal técnica que permite que otro sistema detecte el origen del contenido.

Lo interesante de esto es que esa etiqueta permitirá a las grandes plataformas (Instagram, X, YouTube, TikTok) cumplir con una obligación propia que ya tienen bajo el DSA, la otra gran ley digital europea. El DSA les exige identificar deepfakes y marcarlos de forma visible para el usuario. Sin una señal como la del AI Act, detectar cada deepfake a mano es prácticamente imposible. Con ella, se vuelve mucho más viable.

Doy un ejemplo del día a día para que se entienda mejor. Digamos que usted está scrolleando en una red social y se encuentra con un video polémico de su presidente. La IA que lo generó ya lo marcó con esa señal técnica invisible. La plataforma la detecta, y ahora sí puede (y tiene que) mostrarle a usted un aviso claro de que ese video fue generado con inteligencia artificial.

Personalmente, esta norma me parece totalmente necesaria. Cada vez es más difícil, incluso para un ojo entrenado, distinguir lo real de lo falso. Mal usada, esta tecnología tiene el potencial de manipular la opinión pública a escalas inimaginables.

El otro bloque de reglas regula cómo los modelos entrenan sobre contenido con copyright. Ya estaba vigente desde agosto de 2025. Lo que cambió es que ahora la UE puede hacerlo cumplir.

Los desarrolladores de los modelos tienen que publicar un resumen suficientemente detallado del contenido usado para entrenar, con un formato definido por la AI Office. La obligación aplica a cualquier modelo que se ofrezca en la UE, sin importar dónde se entrenó, por lo que entrenar afuera del bloque para esquivar la norma no es una salida.

Junto con esto, los mismos desarrolladores tienen que tener una política para respetar el derecho de autor europeo y las reservas de derechos que los titulares carguen bajo el mecanismo de opt-out, ya usado por Sony Music y Warner Music Group.

Las multas por incumplir cualquiera de estos dos bloques llegan a 15 millones de euros o el 3% de la facturación anual global, lo que sea mayor.

El caso KOMCA

Al investigar sobre la sociedad de Corea del Sur, me sorprendió lo temprano que se metieron con este tema. El 24 de marzo de 2025 pusieron en marcha una norma de tolerancia cero para el registro de obras que hubieran usado IA en su proceso. Para ese entonces ya venían observando un crecimiento rápido de la música hecha con inteligencia artificial, y todavía no había ningún estándar legal establecido sobre cómo tratarla. La exigencia era de aporte humano del 100%.

Un punto a aclarar. KOMCA administra derechos de autor sobre composiciones y letras, no derechos sobre las grabaciones. Esta distinción es importante porque algunas empresas coreanas vienen usando IA en tareas de grabación sin tocar los derechos de composición. HYBE, por ejemplo, lanzó un tema de MIDNATT simultáneamente en seis idiomas apoyándose en tecnología de voz, sin que eso pasara por la ventanilla de KOMCA.

Ahora la sociedad levanta la prohibición, pero solo para los casos en que un humano haya tenido un rol sustancial y protagónico en la melodía, la letra, la estructura o el arreglo. A pesar de esta flexibilización, el registro pasó a exigir bastante más que antes. Quien registra una obra asistida por IA tiene que declarar qué partes involucraron IA, con qué herramientas, y en qué consistió su propio aporte. KOMCA puede pedir evidencia del proceso, realizar verificaciones técnicas y someter el caso a revisión interna.

Las consecuencias de mentir también son duras. La sociedad puede retener regalías, reclamar lo ya pagado y terminar el contrato de gestión con el creador. Si hay intención o negligencia grave, además va a poder reclamar hasta tres veces lo cobrado indebidamente.

El cambio en la norma está alineado con la postura de la U.S. Copyright Office. Escribir prompts no convierte a nadie en autor del resultado, y el material puramente generado por IA tiene que declararse y quedar fuera del reclamo de derechos. La IA puede ayudar a hacer una canción, pero no la puede firmar.

Si bien considero que el caso de GEMA contra Suno tuvo que ver en este cambio de norma, en marzo de este año el ente auditor de Corea del Sur publicó una auditoría sobre preparación frente a la IA que abarcó a once sociedades de gestión del país. Dentro de ese trabajo tomaron una muestra de 8.540 canciones registradas por 29 autores de alto volumen y estimaron que el 60,9% probablemente había usado IA. El número dejó en evidencia que las sociedades venían registrando obras y pagando regalías sin verificar si había uso de inteligencia artificial de por medio.

Conclusiones

Cuando comencé a estudiar estos temas, debo decir que me parecía muy apresurado hablar de regulaciones. Teníamos muy poca experiencia como para hacerlo de forma correcta. Ahora estamos entrando en otra etapa, comienzan a formarse estándares que van a beneficiar a todos, incluso al sector tecnológico.

Como metáfora, traigo el caso del blockchain y las criptomonedas, una tecnología que nació con un espíritu rebelde y adverso a cualquier tipo de regulación. Con el tiempo fue decantando que necesitaban reglas claras para funcionar. Hoy el ecosistema cripto es mucho más silencioso y encontró puntos de contacto con las finanzas tradicionales que hace diez años parecían impensados. Yo creo que con la IA generativa va a pasar lo mismo. Una regulación clara y con buen timing va a permitir que el sector creativo siga creciendo con ella y se disipen los fantasmas de un reemplazo total.

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